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Quito por segunda vez

Mi viaje el año pasado, al menos en Ecuador, fue demasiado pobre. De hecho, llegué el 20 en la noche (tal como esta año) a Quito y el 24 ya estábamos cruzando la frontera rumbo a Piura. Esta vez, en cambio, programé dos semanas en Ecuador y otras dos en Perú.

El reencuentro con Quito, un poco rápido de nuevo ya que sólo estuvimos dos días, me dio sin embargo una nueva perspectiva sobre algunas cosas. Para los que siguieron mis relatos del año pasado, recordarán que la Basílica del Voto Nacional fue mi preferida. Pues resulta, por ejemplo, que este año llegué por una cuadra distinta, así de simple, y la vi completamente distinta… Así de tonto es, el año pasado llegamos por el frente y no dimos la vuelta para ver la plazoleta por el lado desde donde se va la iglesia en toda su magnitud. Por este lado además hay una entrada… Pero bueno, se acordarán de la subida del año pasado hasta la puntica de arriba, miedoso.

Este año el tiempo tampoco me dio para subir al Panecillo (la colinita con una Virgen en lo alto) ni para ir a la Mitad del mundo.

Pero bueno, me pasée de nuevo la ciudad y esta vez sí entré a ver la Catedral. Obviamente entré de nuevo a ver la iglesia de la Compañía de Jesús y otras iglesias más, ya saben que esa es una de mis actividades preferidas en los paseos… Después de todo el recorrido, cuando nos aburrimos (y después del aguacero que nos cayó en la tarde), se nos dio por ir a ver un poco el centro moderno (La Mariscal). Y pues andando entramos a ver a una agencia cómo era que funcionaba el viaje a Galápagos. Después de la noticia de que ya no quedaba nada disponible para estas fechas y que todos dijimos, bueno, ya no fue, nos dio por entrar en otra agencia en donde nos dicen que les quedan 3 cupos para un crucero saliendo el 29 de diciembre y volviendo el 2 de enero, ni mandado a hacer porque tenemos tiquetes para Lima el 3 de enero.

Se imaginarán (sobre todo los que conozcan a mi papá) que ese día nos fuimos a pensarlo y que el día siguiente seguíamos pensándolo. A parte de ser algo que no estaba contemplado en el presupuesto, implicaba un cambio en el itinerario que ya estaba medio preparado. Y bueno, vuelta tras vuelta tras vuelta. Hasta que al final nos decidimos, ya que estábamos aquí valía la pena ir a Galápagos y pues un crucero era la manera ideal de hacerlo. Así que el golpe de una, nos fuimos armados con las tarjetas de crédido y a pagarlo. Perdimos toda la mañana del segundo día en eso, y obviamente después de que dieron las autorizaciones de las tarjetas de crédito (porque aquí las agencias todavía llaman a ver si pueden aceptar la tarjeta) nos arrepentimos. De lo más normal con mi papá… pero ya se había hecho y nos tocó resignarnos. Tenemos un crucero por cuatro o cinco islas para la semana entrante, esperen las fotos….

Después de todo, teníamos que apurarnos para aprovechar la semana larga que nos queda en Ecuador. Pasada rápida al terminal a ver si había algo para Cuenca la misma noche, nada. Llamamos a todas las aerolíneas a ver si tenían algún vuelo, nada. Afortunadamente, la niña de la agencia (todo un personage con un hablado similar al de un gomelo ecuatoriano) nos consiguió con un amigo un vuelo para esa misma tarde. Así que paseo rápido por el teléferico y corrimos para el aeropuerto.

Ahí van las fotos… subiendo a una montañana que está a unas 4100 metros, en teleférico panorámico. Qué emoción. Ahhh, para verme a mí, favor remitirse a las fotos del año pasado ya que esta vez decidí gastarme los 5 dólares de la súbida en un delicioso chocolate mientras esperaba…

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