Al final uno de los del barco me prestó un equipo para hacer snorkel. Así que yo, muy autodidacta como siempre, tuve mis dos primeras lecciones autodirigidas. Lección 1: en la playa, cómo ponerse la careta y cómo respirar sin estresarse metiendo la cabeza debajo del agua. Logré nadar tal vez unos 5 o 10 metros hacia adentro en unos 4 o 5 intentos. Hice algunos progresos. Lección 2: ya en el yate, nos mandaron dizque a nadar, y pues dije “será” (los que me conocen saben que el agua no es que me mate y menos tirarme de un yate en medio del mar a ver qué pasa). Pero bueno, respiré profundo, me puse el equipo, me fui bajando por las escaleras y pum, abajo… Efectivamente logré nadar perfectamente unos 10 o 15 metros, ahí me levanté, me di cuenta de que estaba medio lejos y pues dije, bueno, a regresar tranquilamente. Y ahí se echó a perder la segunda lección, no sé cómo se me entró el agua al tubo, me dio estrés, no podía respirar, me lo quité y ya me dio el desespero… nadé hasta la escalera y me salí.
Balance: no vi ni un solo animal… no vi tortugas, no vi tiburones, no vi peces tropicales, no vi rayas, no vi nada… pero bueno. Consecuencias: esa noche me empezó a doler la garganta, sospeché primero del agua salada, luego del equipo que quién sabe en qué condiciones higiénicas estaba, y finalmente simplemente de una epidemia de gripa que pareció que le dio a todo el yate. Afortunadamente no le pasó nada a mi ceja, ya que me habían recomendado no meterme a piscinas, mar ni nada por el estilo en 6 semanas… sobreviví.
Este 31 de diciembre a pesar de estar en un yate encerrado, fue como más animado que mis últimos año nuevos. Comimos muy normalito relativamente temprano. Todo el mundo se fue a acostar. Al final me quedé con el gringo que hablaba francés, un niño muy simpático de unos 19 años, y las autralianas. Sacaron whisky, vodka, pusieron música, la cosa se empezó a poner interesante y terminamos hasta bailando salsa y todo (todo un maestro al lado de ellos)… Bueno, también se habían pegado el capitán y otros del barco y al final se quedaron ellos con las australianas cuando el gringo y yo nos fuimos a acostar. Y ni me pregunten qué pasó porque sólo sé que cuando me levanté al otro día, vi que habían subido colchones y almohadas a la cubierta y que las autralianas a penas estaban abriendo los ojos completamente enguayabadas…
Entre los animales nuevos, esta vez por fin vimos tortugas marinas, estas estaban en pleno apareamiento cuando nos las encontramos.
Y hasta pingüinos vimos, casi que no le puedo sacar la foto.
