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De crucero por las Islas Encantadas (4)

Al final uno de los del barco me prestó un equipo para hacer snorkel. Así que yo, muy autodidacta como siempre, tuve mis dos primeras lecciones autodirigidas. Lección 1: en la playa, cómo ponerse la careta y cómo respirar sin estresarse metiendo la cabeza debajo del agua. Logré nadar tal vez unos 5 o 10 metros hacia adentro en unos 4 o 5 intentos. Hice algunos progresos. Lección 2: ya en el yate, nos mandaron dizque a nadar, y pues dije “será” (los que me conocen saben que el agua no es que me mate y menos tirarme de un yate en medio del mar a ver qué pasa). Pero bueno, respiré profundo, me puse el equipo, me fui bajando por las escaleras y pum, abajo… Efectivamente logré nadar perfectamente unos 10 o 15 metros, ahí me levanté, me di cuenta de que estaba medio lejos y pues dije, bueno, a regresar tranquilamente. Y ahí se echó a perder la segunda lección, no sé cómo se me entró el agua al tubo, me dio estrés, no podía respirar, me lo quité y ya me dio el desespero… nadé hasta la escalera y me salí.

Balance: no vi ni un solo animal… no vi tortugas, no vi tiburones, no vi peces tropicales, no vi rayas, no vi nada… pero bueno. Consecuencias: esa noche me empezó a doler la garganta, sospeché primero del agua salada, luego del equipo que quién sabe en qué condiciones higiénicas estaba, y finalmente simplemente de una epidemia de gripa que pareció que le dio a todo el yate. Afortunadamente no le pasó nada a mi ceja, ya que me habían recomendado no meterme a piscinas, mar ni nada por el estilo en 6 semanas… sobreviví.

Este 31 de diciembre a pesar de estar en un yate encerrado, fue como más animado que mis últimos año nuevos. Comimos muy normalito relativamente temprano. Todo el mundo se fue a acostar. Al final me quedé con el gringo que hablaba francés, un niño muy simpático de unos 19 años, y las autralianas. Sacaron whisky, vodka, pusieron música, la cosa se empezó a poner interesante y terminamos hasta bailando salsa y todo (todo un maestro al lado de ellos)… Bueno, también se habían pegado el capitán y otros del barco y al final se quedaron ellos con las australianas cuando el gringo y yo nos fuimos a acostar. Y ni me pregunten qué pasó porque sólo sé que cuando me levanté al otro día, vi que habían subido colchones y almohadas a la cubierta y que las autralianas a penas estaban abriendo los ojos completamente enguayabadas…

Entre los animales nuevos, esta vez por fin vimos tortugas marinas, estas estaban en pleno apareamiento cuando nos las encontramos.

Y hasta pingüinos vimos, casi que no le puedo sacar la foto.

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