Estaba demorándome un poco pero aquí van algunas nuevas…
Mi avión el domingo me traía a Italia. De Madrid a Milán, para mi segunda visita del país que siempre más me ha gustado. Todavía me pregunto por qué los ires y venires de la vida me trajeron a Francia y no a Italia… Claro, hay razones de peso, entre ellas, que del italiano no se vive en Colombia, en cambio del francés se alcanza a sobrevivir. En cualquier caso, estas vacaciones han sido excusa para conocer mucho mejor países que apenas había sobrevolado en el 2001-2002. Mi primer viaje a España me llevo a la zona de Alicante y de paso por Valencia y Barcelona, esta vez pude explorar mucho mejor Madrid, Barcelona misma y Andalucía. Y ya tendré pronto oportunidad de volver para explorar un poco mejor otra parte. A Italia, vine en la primavera del 2002 en un viaje relámpago, estuve en Florencia, Siena, Venecia y Roma, lo obligado para un semana corta. Pero no fui al sur, y siempre tuve curiosidad de volver y quedarme mucho más. Esta tampoco va a ser la oportunidad que me permita conocer tanto como me gustaría, pero ya va a ser mucho mejor que en el 2002, me quedo 3 semanas y atravieso Italia de sur a norte, al menos para darme una panorámica de lo que es… Y esperando a que las cosas se den para poder venir a vivir varios meses y poder entrar de verdad en el idioma y la cultura.
Para empezar, una escala técnica en Milán, una noche, un día, y el tiempo suficiente para darle un vistazo al centro.
Esta es la galería Vittorio Emanuele. Una galería dedicada por los milaneses al rey de la unificación italiana. Era el rey de Cerdeña que logró a finales del siglo XIX que por fin se unificara uno de los últimos países en Europa en hacerlo. Hicieron esta galería que son cuatro edificios con dos calles cruzándolos, el piso es en mármol y todo cubierto en acero y vidrio, toda una novedad en la época. Hoy en día le dicen el “salotto” (el salón) de Milán. Hay restaurantes, cafés, tiendas, un lugar de encuentro.
El Duomo de Milán es la tercera iglesia en extensión después de la del Vaticano y, obviamente, de la de Sevilla en la que estuvimos que día. Es mucho menos alta que algunas iglesias impresionantes como la de Estrasburgo. El numero de flechas es lo que puede sorprender desde afuera.
Pero definitivamente lo mejor de esta iglesia son las terrazas. Son las mejores terrazas que he visitado en una iglesia. Se puede caminar por todo el techo, por todas partes, se le puede dar la vuelta a la iglesia desde arriba. Se ven los vitrales, se puede ver el interior de la iglesia desde los vitrales abiertos. Se ve cada una de las flechas, con la estatua encima, las gárgolas, en fin…
La plaza desde arriba…
