Y sigue el recorrido hacia el norte. De Florencia sali hacia Ravenna, una ciudad solo un poco mas al norte pero al otro lado, hacia la costa del mar Adriatico, en Emilia Romagna. No se en que punto atravesamos una de las tantas fronteras que dividen a la Italia del sur de la Italia del norte, pero al bajarme del tren casi tenia la impresion de haberme quedado dormido y de haberme bajado en Alemania o algo asi. No, estaba solo en Faenza, a unos cuantos kilometros de Ravenna. Es un pueblo pequeno, tranquilo, mucho menos turistico que las ciudades de Toscana. Era una escala tecnica de una hora, suficiente para dar una vuelta por la ciudad de la ceramica, la famosa “faience” en frances. No hay mucho que ver, solo un museo de la ceramica al que no entre. Pero lo que sorprende es darse cuenta de que definitivamente se dejo atras la Italia del motorino (las motos) y de que se llego a la Italia de las bicicletas, como en los mejores ejemplos alemanes y alsacianos en que los troncos de los arboles no alcanzan para parquear todas las bicicletas que hay en la ciudad. Estan parqueadas por todas partes y llevan pasajeros de todas las edades, pesos, tamanos, religiones y sexos. Solo una moto vi en el tiempo que estuve.
Aparte de eso, no vi ni una sola ceramica. Tal vez era la hora, despues de medio dia, en que todo esta cerrado. O tal vez no llegue hasta el barrio de los talleres. O simplemente no es lo suficientemente turistica.
