El clima aún no ha mejorado en nada. Todo el día estuvo nublado, tuvimos temperaturas por debajo de 5 grados y en la tarde empezó a llover. No será la mejor manera de pasear París pero algo tratamos de hacer. Empezamos tomando el tren directo al centro, bajamos en la única estación de la Isla de la Cité, el centro del centro. Saliendo, estaba el mercado de las flores que mi mamá se paseó de lado a lado examinando todo.
Estos son los olivos.
De ahí, fuimos a ver la Catedral de Notre-Dame. Esta fue la foto antes de entrar a la iglesia, que por cierto parecía ser menos atractiva que el mercado de las flores. Cuando nos fuimos acercando, mi mamá la miró de reojo y preguntó “¿será que entramos a esa iglesia?”
Después de haber entrado y de haberse fijado sobre todo en los vitrales.
Uno de los puentes.
Luego pasamos a la Isla San Luis y la atravesamos por la calle principal. Aquí también fueron más llamativas las vitrinas que otras cosas. Esta era la de la charcutería-carnicería.
Una de cerámicas.
La quesería.
Y muchas otra más… Pero ahí fue cuando empezó a llover. Ya habíamos almorzado en un restaurante donde empieza el barrio latino (se comió una ensalada con camarones y un “cassoulet” de pollo con verduras). Así que cogimos el metro y nos fuimos para Galerías Lafayette. Y allá pasamos el resto de la tarde. Como para no decir que se perdió el tiempo, aprovechamos para ver la bóveda del edificio que es en sí una atracción turística y para subir a la terraza que tiene vista a París. Las Galerías están justo detrás de la ópera, eso es lo que se ve en el centro, y desde la Catedral a la izquierda hasta el arco del Triunfo a la derecha, a pesar de estar nublado siempre se alcanzaba a ver.
Esa es la ópera.
Y terminamos el día yendo a comer a donde Paula y Marcela (mis ex-estudiantes con las que estuve en Grecia). Allá estuvimos hasta las 10 de la noche.
