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Chamonix

Para continuar con la serie de mensajes sobre las distracciones invernales…

Resulta que el principio de año ha sido bastante suave. Volviendo de vacaciones hace 15 días, nos avisaron que no íbamos a tener ninguna clase hasta mediados de febrero. La directora del centro se fue para Cuba toda una semana y nos dejaron así desprogramados. Así que empezamos a buscar con mucha diligencia qué hacer y nos decidimos finalmente por una semana en Chamonix.

Este lunes que pasó, muy temprano, tomamos el tren la taiwanesa, la irlandesa, la rusa y yo. Podríamos haber ido a alguna de las estaciones de invierno que hay aquí en el Jura, pero los Alpes son los Alpes y al menos una vez en su vida hay que ir a Chamonix a ver el monte Blanco (ya que no lo hice cuando vivía al lado en Annemasse, me tocó hacerlo ahora que vivo más lejos). Tres trenes y ocho horas de viaje tuvimos que soportar para llegar allá. En realidad no es tan lejos, sólo que para ir en tren hay que ir hasta Lyon antes de volver a subir (pasando por Annemasse precisamente) hasta llegar a Saint Gervais, la entrada del valle.

Llegamos de noche a Chamonix, nos recibieron lluvia y malos pronósticos para los días que venían. Nuestro primer plan fue buscar un restaurante chévere para comernos una buena fondue con un buen vino blanco.

Mucho pan, charcutería, pepinillos, papas y obviamente cantidades de queso derretido.

La primera mañana, saliendo del cuarto, nos esperaba un paisaje bastante blanco. Este parece ser el paisaje cotidiando en plenos Alpes a unos 1000 metros de altitud.

Saliendo del albergue. Nieve y más nieve. Chalets y carros, todo cubierto de nieve.

Esto ya es en el centro de Chamonix, dándole una vuelta a la ciudad.

En vista de que el único de nosotros que había esquiado era yo, decidimos empezar con lo más suave para que las niñas le fueran perdiendo el miedo a la nieve. Alquilamos esquís para ir a una pista de esquí de fondo y pasamos la tarde allá deslizándonos por los surcos en una pista bastante plana.

Terminamos cuando empezó a oscurecer, y seguía nevando.

El segundo día nos decidimos a hacer esquí alpino. Alquilamos las botas, los bastones, los esquís y nos fuimos para una estación con pistas bastante fáciles para principiantes. A la izquierda, oculto por la nieve, el chalet donde estaba el restaurante y al fondo se alcanza a ver una de las pistas. Esa era la fácil, pero nosotros teníamos que empezar con la muy fácil.

Chamonix al fondo desde la estación.

Esta era la pista muy fácil. Aquí empezamos a trabajar las técnicas para controlar la velocidad y girar. El primer día fue bastante relajado y todos matamos el miedo que teníamos.

Obviamente no nos íbamos a arriesgar solos. Así que contratamos un profesor para que nos diera dos lecciones de dos horas.

El tercer día nos sonrió el clima. Paró de nevar, el cielo que había estado completamente cubierto se despejó casi totalmente. Era el momento para subir a la Aiguille du Midi. La visibilidad era de varios kilómetros y era la única oportunidad que teníamos de ver el Monte Blanco y los Alpes. Muy madrugados nos fuimos a tomar el teleférico de la Aiguille du Midi. Aquí se ve Chamonix en el valle mientras subíamos hacia la primera estación a 2300 metros.

Después de cambiar de teleférico seguimos subiendo hasta 3842 metros. Es el punto más alto al que se puede subir. Es un pico rocoso en el que construyeron hace varias décadas una estación del teleférico. Es toda una hazaña haber hecho eso, hay que verlo en vivo y en directo para imaginarse a la gente montada a esas alturas armando todo.

Esta es la punta de la Aiguille du Midi, en el punto más alto se está a 3842 metros.

Estos son los Alpes en un día con buena visibilidad. Poco oxígeno y -18°C.

Y este es el Monte Blanco con sus 4810 metros. Nos hizo el mejor día para poder verlo.

Aquí estamos todos congelándonos, con los dedos de los pies helados y cubiertos con varias capas de ropa para soportar la temperatura.

El Monte Blanco otra vez.

Nieve y hielo por donde uno quiera.

Y después de eso, pasamos la tarde esquiando otra vez. Como somos todos muy buenos alumnos, nuestro profesor decidió pasarnos a la pista fácil, primero sólo la mitad y al final la pista completa. Aquí estamos en la parte más alta de la pista, con Chamonix al fondo y listos para lanzarnos… No hubo fracturas, tronchaduras ni nada por el estilo. Sobrevivimos todos al esquí y salimos planeando nuestras próximas esquiadas cerca a Besançon.

Esta ya es nuestra última noche. Aquí estoy comiendo otra de las especialidades de la región, la tartiflette, papas, queso, cebolla y tocino.

Uno de los varios bares por los que pasamos.

Y la última mañana, antes de emprender el camino de regreso que iba a tomarnos más de 12 horas por los retrasos de los trenes de la SNCF, alcanzamos a hacer una parejita de muñecos de nieve y una batalla de bolas de nieve.

Y como todo lo bueno, se acabó pronto. Aquí saliendo del albergue.

Obviamente esta vez también hay un video.

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