Para mi tercer día, decidí ir a Pula, otra ciudad sin ningún interés pero cerca a un sitio arqueológico en el que se encuentra lo que serían los restos de la ciudad más antigua de Cerdeña.
Antes de salir, ya que es sábado festivo y no hay prácticamente transportes, tuve que esperar un par de horas. Cerdeña es tierra de fiestas. Y de manifestaciones parece. Aquí venía una manifestación con varios centenares de personas. ¿El objetivo? ¿La fiesta de la libertad?
Había varias banderas sardas, con los cuatro moros, que por lo que parece es de origen español y representaría a los árabes que los españoles vencieron para evitar que siguieran avanzando.
Y una orquesta los acompañaba en sus silenciosas y pacíficas reivindicaciones.
Luego, rumbo a Pula. En Pula nada retuvo mi atención, excepto las placas con los nombres de las calles, vayan a saber porqué.
Prácticamente sin esperar, con el sol inclemente de mediodía de la primavera mediterránea y algo más de 20 grados, tomé la “via Nora” y me dirigí al lugar del mismo nombre, el sitio arqueológico que mencioné. Habrá sido una media hora de caminata.
Por el camino me crucé con otra de estas iglesitas que abundan por acá.
Y cuando la deshidratación comenzaba, llegué al fin a un punto interesante. El patrón de Cerdeña es San Efisio. Los romanos lo enviaron a combatir la religión cristiana que empezaba a difundirse en la isla. Pero el pobre se dejó convertir al cristianismo y fue martirizado antes de que lo mataran precisamente en el punto al que llegué. Hoy, la fiesta más importante de la isla es el 28 de abril. Una procesión viene desde Cagliari hasta Nora, a la iglesia que se construyó en el lugar donde murió el santo. Yo para esa fecha ya voy a estar en el norte, como siempre me pierdo lo bueno por no programar bien. Pero pude ver la iglesia desde todos los ángulos. Una mirringa, de estilo franco-catalán, en piedra, austera, con una fachada sencilla pero con encanto por dentro.
Y caminando sólo unos minutos más, empecé a entrar en Nora, lo que queda de la antigua ciudad fenicia, púnica y romana. Unos después de otros fueron construyendo encima de lo que quedaba. Los españoles construyeron este faro.
Ya adentro, está el teatro.
Varios mosaicos bastante bien conservados.
Y algunas pocas columnas que quedan en pie.
La infaltable panorámica.
Y la infaltable prueba de que sí estuve ahí, para la posteridad.
