Llegada a Sevilla, no muy lejos de Granada, siempre en Andalucía. Este era el primer viaje en tren hasta ahora porque el resto había sido en avión.
En España se come bien, muy bien. En Andalucía, además, se paga barato. Degustando un delicioso rabo de toro.
Las maravillas de Sevilla son dos. La catedral, que es la tercera más grande del mundo cristiano.
Y los Reales Alcázares. No igualan la Alhambra, pero no dejan de ser impresionantes.
Yeserías.
La fachada.
En el patio, escuchando y volviendo a escuchar otra vez el audioguía.
El artesonado de una sala.
Las celosías de otra.
Los baños bajo el palacio.
Un mirador hacia los jardines.
Y de visita en la catedral, aquí mi papá jugando con el flash.
Y en la noche, obviamente, espectáculo de flamenco en la tierra del flamenco.
Para terminar, una jarrita de sangría.
