Pues aquí estoy aprovechado el receso de Semana Santa para cambiar de rutina y ponerme al día con el blog. Esta semana no me levanto a las 6 para llegar a mi clase de inglés de las 8, alcanzar a ir al gimnasio antes de mi clase de catalán de las 12 y almorzar a las 2 antes de clausurarme en la biblioteca toda la tarde, hasta las 7, 8, incluso 9, excepto los martes que tengo clase del máster. Así que ando más relajado aunque igual estoy viniendo a una biblioteca del barrio y ya tendré que estudiar un poco también para aprovechar el tiempo.
En cuanto al blog, tengo varias salidas pendientes. Hará 3 semanas estuve en Tarragona, un pueblito costero de unos 140 mil habitantes a unos 100 km al sur de Barcelona, aún dentro de Cataluña. Resultó bastante interesante ya que conservan todavía ruinas de Tarraco, la antigua ciudad romana, que fueron declaradas patrimonio de la humanidad en el 2000.
La visita empezó por el Circo Romano, que me desconcertó bastante al principio porque no lograba verle la forma de circo que esperaba que tuviera después de haber visto el de Roma. Pues la cuestión es que lo que se ve hoy en día es sólo una punta de lo que fue. Los circos los usaban para carreras de carruajes. En éste cabían unas 25.000 personas. Lo que se ve en esta foto es la punta derecha, redondeada, y luego hay que imaginarse como se extiende hacia la izquierda por unos 325 metros, con 115 de ancho. Dicen que este circo es uno de los que mejor conservan sus estructuras arquitectónicas, claro que se necesita un poco de imaginación. De hecho, luego se construyeron casas sobre el circo y hoy en día se pueden ver restos en los patios de casas y establecimientos.
Aquí se ve lo mismo pero desde una torre por detrás. Así que se ven las gradas de la punta y luego se extiende hacia la derecha. Se ven también restos de la muralla medieval que bordeaba el circo en esta parte y en la esquina está la Torre de las Monjas.
Esto es lo mismo pero visto desde afuera. La Torre de las Monjas y la fachada del circo cubierta por las murallas medievales.
Esta es la bóveda longitudinal del circo. Bordeaba el circo por el lado interno y hoy se conserva una parte.
El anfiteatro estaba por fuera de las murallas y mucho más cerca del mar. Como tantos otros teatros y anfiteatros, éste también se convirtió en algún momento en cantera de piedra, luego se transformó en basílica visigoda y, luego del abandono causado por la invasión islámica, terminó siendo iglesia románica. De todo quedan ruinas.
Ésta es una panorámica del casco antiguo y la catedral.
De los 4 kilómetros de muralla romana que rodeaban a la ciudad, hoy sólo se conserva 1 que está en la parte alta. Está convertido en un paseo arqueológico con jardines, algunas torres y algunos restos de construcciones militares.
Del Foro queda poca cosa y los restos están casi engullidos por la ciudad alrededor. En pie no queda casi nada, sólo algunas columnas. El resto queda a la imaginación.
Y, finalmente, ésta es la catedral, iniciada en el siglo XII pero a caballo entre el románico y el gótico. Vista de noche, fin del paseo.










