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Tras una larga desaparición de más de tres meses, aquí va un gran mensaje con muchísimas fotos. Estos últimos meses estuvieron principalmente dedicados al trabajo (ya era hora, después de los altibajos de productividad que tuve hasta marzo). Pero de eso no les hablo todavía, ya vendrán en unos días un balance del año y las fotos de cierre de máster en Portugal. Por ahora, me dedico a contarles lo que fue de mí en Barcelona estos últimos meses.
De calçotada
Los calçots, que son una comida típica de Cataluña en invierno y principios de primavera, no son más que un tipo de cebolletas que cultivan aquí para comérselas asadas en esta época. La calçotada en cuestión, pues, se refiere al evento social en el que se reúne la gente a comer calçots. A principios de marzo estuve de calçotada, de ahí vienen las fotos que siguen.
El ritual es un poco particular y requiere cierta disposición de los participantes, o al menos un cierto desenfado. Resumiendo, las cebolletas se ponen a asar directamente sobre la brasa:
Claro, al salir del asador, el exterior de la cebolleta está completamente achicharrado y tiznado. Se ponen las cebolletas en manojos y se envuelven en papel periódico para que no se enfríen. Aquí es donde uno va y coge su paquetico de cebolletas. Y entonces, gente como yo, nos sentamos en la mesa, desenvolvemos el manjar y nos preguntamos si seremos capaces de comérnoslo.
El ritual, como decía antes, tiene todo un carácter social, o al menos la calçotada en la que yo estuve, para la que habían sellado toda una calle de lado a lado e instalado mesas para unas cuantas decenas de personas.
El procedimiento a partir de este momento es simple: mirar como los autóctonos se comen sus calçots y constatar cómo uno es incapaz de hacerlo con la misma facilidad. Primero, con las manos, hay que quitar la parte carbonizada de la cebolleta. De un solo tirón, los habituados arrancan la capa calcinada de arriba a abajo. En cuanto a los principiantes, la operación es toda una peripecia.
En cualquier caso, queda luego la pulpa de la cebolla, que se moja en una salsa, la salvitxada, que lleva ajo, tomate, almendras, avellanas, pan, aceite de oliva y sal:
En este punto, el arte consiste en comerse la cebolleta sin chorrearse de salsa. ¡Arriba y adentro!
Del sabor no haré comentarios, con lo amante que soy de comer hierbas, no sabría ser objetivo al hablar de comer cebolletas… Así pues que pasemos a las implicaciones del acto. Uno: un completo reguero de salsa en la mesa, en la ropa y hasta en el pelo.
Dos: todos tiznados de hollín a más no poder.
De concierto
Mismo día de los calçots, después de la limpieza de rigor, a algunos kilómetros de distancia: concierto de los Cranberries, reunidos de nuevo después de algunos años para una gira.
I know I felt like this before
But now I’m feeling it even more
Because it came from you
El escenario:
Dolores:
Y la compañía:
Con visita
Barcino (pronúnciese /bárkino/) era el nombre de la ciudad romana en lo que ahora es Barcelona y que tuvo una cierta importancia aunque fue más discreta que Tarraco (véase el post sobre Tarragona) y Caesaraugusta (post por venir). De Barcino quedan bastantes ruinas que se pueden visitar en un recorrido subterráneo bastante amplio. Pero bueno, ese no es el tema de esta parte. El asunto aquí es que a principios de abril vino un amigo francés que conocí en la emocionante ciudad universitaria de Besançon a visitarme y a conocer Barcelona. Aquí van algunas de los cientos de fotos que el muchacho tomó en 6 días (sí, ya sé que usé criterios bastante narcisistas para la selección de las fotos).
Barcino:
Yo con la “o” de Barcino :=) (y mi amada guía):
Yo en la playa de la Barceloneta:
Yo en el lago del Parque de la Ciudadela, cerca de mi casa:
François y yo en el Bosque de las Hadas… (ajá, es sólo un bar):
Yo contemplando Barcelona desde la colina de las Tres Cruces en el Parque Güell:
Yo en el banco ondulante del Parque Güell:
Yo en una fuente del Parque Güell:
Yo en el Pórtico de la Lavandería del Parque Güell:
Yo descansando en un banco del Parque Güell:
Yo con mis infaltables mapa y folleto que me leo siempre de pa a pa, en el parque del laberinto de Horta:
François y yo posando para la foto en el parque del laberinto de Horta:
El laberinto del parque del laberinto de Horta:
Hmm, yo perdido en el laberinto:
Yo habiendo sobrevivido al laberinto:
El laberinto en toda su extensión:
El gato de Botero en la Rambla del Raval:
Una perspectiva desde la Plaza de España: desde la fuente en el centro de la plaza hasta el Museo Nacional de Arte de Cataluña, con una de las torres venecianas:
El Tibidabo de día (en otro post se veía de noche):
Panorámica de Barcelona desde el Tibidabo:
François, Barcelona y yo desde el Tibidabo:
Las 4 columnas de la Universidad Autónoma relacionadas al parecer con las columnas de Puig i Cadafalch que estuvieron a principios de siglo XX en el Montjuïc y demolidas por ser símbolo del catalanismo:
Esto es Sitges, un pueblito cerca de Barcelona:
Yo hundiéndome en la arena de la playa de Sitges:
Mi sombra mientras me hundo en la arena:
Yo bronceándome:
Yo harto del sol después de haberme bronceado unos 15 minutos:
Yo y el mar:
Esta última fue el día después de que François se fue… un paseo dominical hasta el hotel Vela:
De cumpleaños
Como recordarán, mi ponqué de cumpleaños llegó demasiado adelantado y un poco deformado. Así que me puse en la tarea, con mi asistente de cocina, de preparar otro para mi cumpleaños. Al final se nos pasó la fecha y lo hicimos con algunos día de retraso.
Aquí mi asistente en plena faena de decoración:
Aquí el resultado:
Y aquí antes de meterle diente:
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